PERIODISMO PARA UN NUEVO MUNDO

¿No les pasa que entienden cada vez menos los que acontece en el país, en el continente, en el mundo? A mí sí. Y lo peor es que los medios de comunicación tradicionales no ayudan a despejar el panorama. Al contrario, se han vuelto cómplices de la desinformación y del estado de incertidumbre en el que nos movemos día a día. 

Pero no todo es malo. No todo el periodismo es malo, quiero decir. Hay formas de entender la realidad a través de medios independientes y géneros periodísticos que dejan de lado la chiva para poner énfasis en el contexto, las voces de los protagonistas y no en los boletines de prensa oficiales.

Estamos viviendo el redescubrimiento de América Latina. Sí, como lo leen. Nuestros países están siendo redescubiertos por cuenta del periodismo narrativo. 

Pero, ¿qué es el periodismo narrativo? 
Pues bien, no es más que una forma distinta de hacer periodismo en la que lo más importante no es la información escueta y descontextualizada sino dar cuenta de los procesos sociales, históricos, económicos y culturales de la sociedad por medio de una narración que se sirva de las herramientas de la literatura, puestas al servicio del periodismo. En palabras de Carlos Monsiváis el periodismo narrativo busca la “reconstrucción literaria de sucesos o figuras, género donde el empeño formal domina sobre las urgencias informativas”.

Lo anterior se evidencia en el número cada vez mayor de revistas como El Malpensante, Arcadia y Cerosetenta  de Colombia, Gatopardo de México, Orsai de Argentina, The Clinic de Chile en donde periodistas como LeilaGuerriero, Martín Caparrós, Alberto Salcedo Ramos, Juan Villoro y un largo, larguísimo etcétera están contando historias de una manera diferente, en donde, como ya se dijo, se busca dar cuenta de una Latinoamérica oculta para las agendas informativas, pero vívidas para los habitantes de esta parte del mundo. 

"Somos un pueblo que se redescubre en los textos periodísticos que los cronistas y demás escritores de no ficción están escribiendo"

Ellos, los periodistas narrativos, son los nuevos etnógrafos sociales. Buscan, como los antropólogos, interpretar la realidad y las culturas por medio de los textos. Esta relación periodismo-antropología se describe mejor en palabras de Clifford Geertz, quien dice a propósito de sus propias investigaciones antropológicas:

“Las descripciones de la cultura de beréberes, judíos o franceses deben encararse atendiendo a los valores que imaginamos que beréberes, judíos o franceses asignan a las cosas, atendiendo a las fórmulas que ellos usan para definir lo que les sucede. Lo que no significa es que tales descripciones sean ellas mismas beréberes, judías o francesas, es decir, parte de la realidad que están describiendo; son antropológicas pues son parte de un sistema en desarrollo de análisis científico. Deben elaborarse atendiendo a las interpretaciones que hacen de su experiencia personas pertenecientes a un grupo particular, porque son descripciones, según ellas mismas declaran, de tales interpretaciones; y son antropológicas porque son en verdad antropólogos quienes las elaboran”

El método que describe Geertz es el mismo utilizado por los periodistas narrativos en tanto estos se aproximan a sus temas a partir de la observación detallada, anotada, que utiliza el diario de campo del etnógrafo (la libreta de apuntes o la grabadora en el caso de los periodistas), que apunta las características más relevantes del objeto de estudio (tema, en el paso de los comunicadores).
Imagen de Krzysztof Pluta en Pixabay 
Profundidad investigativa, construcción de realidades a partir de los protagonistas de las historias, de sus visiones de mundo, del contexto actual e histórico que poseen y la descripción narrativa de los acontecimientos bajo criterios literarios que enriquecen la lectura del texto son puntos de encuentro que enlazan la labor de los antropólogos interpretativos como Clifford Geertz  con periodistas narrativos como Leila Guerriero, Alberto Salcedo Ramos o Juan Villoro.

Están pasando muchas cosas buenas con el periodismo narrativo en Latinoamérica: se escriben más y mejores crónicas, crecen el número de publicaciones, se da cuenta de nuestros países, de nuestras realidades. Somos un pueblo que se redescubre en los textos periodísticos que los cronistas y demás escritores de no ficción están escribiendo: los futuros comunicadores no pueden estar ajenos a esta coyuntura que, es más que seguro, contribuirá a la visión que construyan de un continente y de un país en constante transformación social.

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